Deja al menos diez centímetros entre velas y treinta frente a cortinas o paredes decoradas. Coloca sobre superficies resistentes al calor, nunca sobre manteles sueltos. Usa apagavelas o tapas para sofocar sin soplar, evitando chispas y humo. No muevas recipientes calientes. Supervisa el primer encendido para entender tiraje y comportamiento. Un margen generoso preserva la atmósfera, cuida marcos y pinturas, y permite que la llama cante tranquila, sin sobresaltos que arruinen el encanto ganado con tanto cuidado.
Las corrientes deforman la llama y ensucian el recipiente. Ubica lejos de ventanas abiertas y ventiladores directos. Si hay gatos curiosos o colas juguetonas, prioriza campanas de vidrio, linternas tipo huracán o repisas altas y firmes. En pasillos estrechos, mezcla una vela real protegida con dos LED para mantener efecto sin riesgos. Coloca alfombrillas antideslizantes bajo bandejas. Prevenir es más elegante que lamentar: la calma visual se multiplica cuando nadie teme un tropezón o un coletazo imprevisto.